Ópera en un garaje (increíble pero cierto)
✦ Patrimonio industrial · Activación cultural · Bilbao
Un garaje racionalista de 1943 en pleno ensanche de Bilbao. Una ópera. Y la pregunta que queda después: ¿qué ocurre cuando un espacio industrial recupera vida a través de la cultura?
Porque algunos edificios se conservan restaurándolos. Otros se conservan consiguiendo que vuelvan a ser relevantes.

Cada post tiene una banda sonora y la de este corresponde claramente a Lucia di Lammermoor: ♫Percorrete le spiagge vicine/ Percorriamo le spiagge vicine/ Della torre le vaste rovine♫. Esta ópera trata sobre la lucha entre dos familias y locuras de desamor cuando se interpreta en un teatro al uso. Pero ¿y si su escenario fuera un garaje de coches en pleno ensanche de Bilbao? Sin duda, este espacio pide una versión más underground.
Así nació la compañía Opera Garage, que traslada la ópera a escenarios alejados de la ortodoxia del género y remasteriza las obras con el fin de abrir la lírica a nuevos públicos. Tal y como sus promotores la definen: «Una propuesta sorprendente, en un entorno inédito, al alcance de todos los espíritus curiosos».
Fue leer lo de «espíritus curiosos» y salté como un resorte. Me interesan especialmente los proyectos que consiguen acercar la cultura a nuevos públicos sin simplificarla por el camino. Además, con entradas mucho más asequibles que la ópera al uso.
Mi experiencia en el mundo de la lírica es más bien escasa: la primera vez en el Liceu de Barcelona y otra un jueves que cambié el pintxo-pote por la ópera en la ABAO. Pero, aun teniendo poca idea, nunca digo no a la gratificante sensación de asombro que proporciona un espectáculo.
La curiosidad estaba servida: música en vivo y patrimonio industrial. ¿Cumpliría este evento las expectativas? Las mías con creces. Pero ¿y las de las personas acostumbradas a deleitarse con el bel canto, que tienen un gusto muy refinado y son amantes de todo el ilustre ritual que la ópera conlleva?

— La velada —
Una tarde en la Opera Garage
Las sillas de tijera (aunque con almohadilla confortable y mantita de las de tejido guay de Iberia, que no usamos pues hizo una velada brutal), el olor a tubo de escape o lo sombrío del lugar son la antítesis a la elegancia de la que bebe la ópera. Mención aparte lo logradas que estaban las copas de plástico de champán.


Confieso que el Garaje San Mamés tenía otro atractivo añadido: durante el entreacto era imposible resistirse a recorrerlo cámara en mano. Entre el mural de Alberto Palomera, el taller, las escaleras y la atmósfera industrial del edificio, daba para una sesión de fotos completa.

A falta de terciopelos, sedas y galas varias, mi estilismo iba más ad hoc con el lugar, y parecía inspirado en el mural que ocupa una de las medianeras del edificio (Libertad, 1988) del artista Alberto Palomera. Todo casualidad, por supuesto.
— El edificio —
Sobre el Garaje San Mamés
Este edificio, que combina uso industrial (garaje y taller) con residencial (últimas plantas), es uno de los vestigios industriales de estilo racionalista de Bilbao.
El Racionalismo fue una corriente arquitectónica surgida en Europa a principios del siglo XX que buscaba renunciar a los estilos clásicos a través de la racionalización y el funcionalismo. Llegó al mismísimo Botxo, entre otras influencias, por la conferencia que Walter Gropius ofreció en 1930 en el Colegio de Arquitectos de Bizkaia.
Uno de los sellos del racionalismo bilbaino es el uso del ladrillo caravista, siendo el edificio del Garaje San Mamés uno de los pocos ejemplares supervivientes. Y eso dice algo sobre cómo se lee la historia de una ciudad cuando prestas atención a lo que no es residencial: los edificios industriales son el registro de cómo funcionaba económicamente un lugar, de qué se fabricaba, qué se reparaba, qué se movía. Cuando desaparecen, se pierde una capa de memoria que no tiene sustituto. Por eso el patrimonio industrial suele ser uno de los más difíciles de defender: cuando desaparece, desaparece también la memoria de actividades que ya no forman parte de la vida cotidiana.

El edificio, que en un principio iba a ser una fábrica de calzados, fue diseñado por José María Sainz Aguirre en 1943. Este arquitecto también fue artífice de varios edificios residenciales (por ejemplo, bloque en plaza Víctor Chávarri, 1947) y dotacionales (por ejemplo, parte del colegio de Jesuitak Indautxu: Nuestra Señora de Begoña).
En la mayoría de los ensanches de nuestras ciudades asaltan sorpresas mientras paseas por sus tramas ortogonales: edificios no residenciales que hablan sobre el pasado del lugar. En la Alameda Urkijo/Avenida Sabino Arana de Bilbao, este destaca sobremanera.

Su chaflán curvo enamora y su cartel llama la atención como si de un neón se tratara. El contraste entre la verticalidad del torreón y la horizontalidad de los vanos acristalados continuos de los primeros pisos es de gran belleza plástica.

Además de estar incluido en el DOCOMOMO, el edificio del Garaje San Mamés se inscribió el 12 de enero de 2011 como Bien Cultural, con la categoría de Monumento, en el Inventario General del Patrimonio Cultural Vasco, lo cual fue una suerte para la memoria industrial de Bilbao.
La existencia del edificio generó durante años un debate entre propietarios, administraciones y colectivos ciudadanos interesados en su conservación. Como los vaivenes en la protección del patrimonio son una conversación demasiado larga para esta noche y ahora bastante tenemos con la locura de Lucía ♫«Un gelo/ mi serpeggia nel sen!…/ Trema ogni fibra!…/ Vacilla il piè!…»♫… Si quieres saber más sobre este tema, te dejo el enlace a la Asociación Vasca de Patrimonio Industrial, que se esforzó por defender y hacer visible las situaciones críticas de nuestro patrimonio. La existencia de iniciativas ciudadanas en defensa del edificio demuestra hasta qué punto algunos espacios industriales terminan formando parte de la memoria colectiva de una ciudad.



— El espectáculo —
¿Cómo afecta el espacio a las obras de Opera Garage?
Opera Garage es un formato que apuesta por la proximidad entre los cantantes y el público, la presencia de factores ambientales como la luz natural del atardecer, el protagonismo de los juegos de luces y máquinas que proyectaban la niebla que tanta impresión causa al llegar. Cristales rotos, un arpa y piano de cola.
La diferencia entre usar un espacio patrimonial como decorado y usarlo como argumento es exactamente esta: el garaje no es el fondo de la escena. Es parte de la dramaturgia. La escala, la materialidad, el olor, la luz entrando por los vanos acristalados en ángulo de atardecer. Todo eso trabaja a favor de la obra, no solo a su lado. Lo interesante es que esta lógica funciona igual para un espectáculo cultural que para un destino turístico. El patrimonio genera experiencias memorables cuando deja de ser fondo y pasa a formar parte activa de lo que ocurre.


El escenario era rectangular, y en sus lados más largos se disponían las butacas. Esto le da un plus diferencial en comparación con la ópera al uso, ya que los cantantes proyectan su voz en plan 360º, aportando un toque más de teatralidad a sus personajes.
Uno de los daños positivos colaterales de que la visibilidad fuera, en ocasiones, reducida (sobre todo cuando la escena se desarrollaba en el otro extremo del «cuadrilátero») era que no perdí detalle de los músicos. En varios momentos cerré los ojos para deleitarme con el arpa, magia lo que salía de las manos de aquel músico, como si la acústica estuviera más de su parte. Y pude estudiar sus detalles a conciencia, tanto como para percatarme de que los tres llevaban Marteens. Muy en la línea de los vestuarios de Lucía y Edgardo, inspirados en Amy Winehouse y Johnny Depp, respectivamente. Con nada y, a la vez, mucho que ver con los personajes ideados por Gaetano Donizetti en 1835.

— Cultura y patrimonio —
Una combinación difícil de olvidar
El formato también llegó a otras ciudades, demostrando que la combinación entre patrimonio industrial y ópera tenía recorrido mucho más allá de Bilbao.
Una foto-spoiler del entreacto a modo de aperitivo, que refleja lo que supone la manifestación del arte, en este caso del bel canto, en espacios patrimoniales reutilizados.

¿La atmósfera que crean el lugar y la lírica es o no es increíble?
La activación cultural, turística y patrimonial de espacios con identidad propia forma parte de mi trabajo. Puedes ver algunos proyectos relacionados en arquitectura intervenida.
Si trabajas en patrimonio, activación cultural o experiencia de visita, puedes escribirme a info@reharq.com.
Aquella noche la ópera devolvió vida a un edificio concebido para otra cosa. Y recordó algo importante: cuando desaparece un espacio patrimonial, también desaparecen las posibilidades que aún no habíamos imaginado para él.
Nota: Desde la publicación de este artículo, el Garaje San Mamés ha sido transformado para nuevos usos residenciales. Las fotografías muestran el edificio y sus espacios industriales tal y como eran en 2019.
Ficha
| Edificio | Garaje San Mamés · José María Sainz Aguirre · 1943 |
| Estilo | Racionalismo · ladrillo caravista · uso mixto industrial y residencial |
| Protección | Bien Cultural · Monumento · Inventario General del Patrimonio Cultural Vasco · 2011 |
| Registro | DOCOMOMO Ibérico |
| Dirección | Alameda Urkijo · Bilbao |
| Evento | Opera Garage · Lucía di Lammermoor · compañía Opera Garage |
Fotos por Reharq, septiembre 2019.
Fuentes: Academia.edu, Docomomo, Bilbaopedia, AVPIOP, Bilbao arquitectura y urbanismo, El Correo, Eitb, El diario.es, Vanity Fair, Iopera, Spend in Magazine.





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